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22 agosto 2008

Poner los Cuernos (Elise Sutton)



La infidelidad del cónyuge es una de las circunstancias más emocionalmente dolorosas de las que se pueden experimentar en la vida de pareja. He aconsejado a hombres que me han confesado que la muerte de su mujer no fue tan emocionalmente devastadora como su infidelidad. Es algo que incluye mucho más que el mero acto sexual. El adulterio es una acción tanto de la voluntad como del corazón. Para una mujer casada, representa el rechazo en su más dolorosa expresión. Supone la ruptura de los votos matrimoniales y del pacto que representan. Espiritualmente es desgajar en dos lo que previamente era una sola parte. Es dolorosísimo, y puede provocar que nuestros sentimientos se hundan en la depresión y el caos.
El adulterio es engaño. El sexo es la culminación de esa traición, pero no es lo más importante del adulterio. Lo es en realidad todo....... lo que lo precede: la decepción, la ruptura de los votos matrimoniales por decisión propia, el rechazo por parte de nuestra pareja al intimar y mantener un romance con otra persona. Es ceder nuestro corazón a otra persona.
El efecto que el adulterio puede causar en una relación puede ser devastador. Algunas relaciones son lo suficientemente fuertes como para conseguir encajar este efecto traumático, pero la mayoría no lo pueden aguantar y, por tanto, acaban como lo hizo tu primer matrimonio. Para un hombre, la infidelidad de su mujer puede ser especialmente dolorosa debido a la fragilidad del ego masculino. Da la impresión que tu anterior marido no pudo superar el golpe emocional de lo que hiciste. Es algo bastante negativo puesto que, si de verdad fue un hecho aislado, no había razón para que entre ambos no hubierais podido salvar vuestro matrimonio. Te entregaste a él durante todo el tiempo que duró tu matrimonio excepto una noche, pero a él le perseguían sus pensamientos y no pudo perdonarte. Lo repito, es algo bastante negativo, pero que demuestra el dolor y el potencial negativo que alberga la infidelidad.
He excluido casi por completo de mi página web la práctica de poner los cuernos por los efectos potencialmente dañinos de la infidelidad. En mi opinión, se trata de fortalecer los matrimonios a través de la Dominación Femenina, no de dañarlos. Sin embargo, no puedo ignorar que el deseo de ser cornudo es fuerte en algunos hombres sumisos y que la infidelidad como herramienta de Dominación Femenina es una práctica en continuo crecimiento en parejas cuyo estilo de vida es la D/s. Por tanto, en vez de ignorar este controvertido tema, decidí que lo mejor era incluirlo y comentarlo con mentalidad abierta y positiva.
Poner los cuernos como herramienta de Dominación Femenina es una práctica cuyas claves se encuentran en los motivos e intenciones. Desgraciadamente, también hay mujeres que se aprovechan de la naturaleza sumisa de sus maridos para llevar una vida sexual promiscua. Algunas parejas continúan por este camino, la mayoría no. Existe una delgada línea entre la infidelidad en el estilo de vida que comporta la D/s y la infidelidad egoístamente entendida, y de ahí a llegar a comportamientos destructivos para la relación hay un paso.
Una vez dicho esto, hay que tener en cuenta que hay parejas que sí han sido capaces de incorporar con éxito esta práctica a su matrimonio de Dominación Femenina. Poner los cuernos puede tener significados distintos para diferentes parejas pero, por lo que respecta a la Dominación Femenina, hablamos de una práctica que la mujer utiliza para conducir a su marido a un grado de sumisión más profundo a través de una intensa humillación. Es también una reconversión de tipo social, que se enfrenta a la tradición de siglos en la que el marido tenía aventuras extra maritales sin que la mujer pudiera hacer nada al respecto debido a su dependencia económica.
En última instancia, la práctica de la infidelidad es una herramienta más de las que la mujer dominante puede servirse. Es potencialmente peligrosa si se usa de forma incorrecta, pero lo mismo se puede aplicar a usar mal un látigo, un arnés o cualquier otra herramienta de dominación y disciplina. Pero usadas con los debidos conocimientos, motivación y enfoque pueden llevar al hombre al espacio de sumisión que le corresponde. Y, por supuesto, lo mismo se puede aplicar al hecho de ponerle los cuernos.
Correctamente realizada y con el adecuado enfoque, es una práctica que puede ser excitante para la mujer, puesto que le permite ejercer tanto la autoridad femenina como la liberación. Este hecho inicial le da una increíble ventaja de poder sobre el cornudo sumiso, y esta dinámica termina por extenderse al resto de las prácticas D/s de la relación de pareja. Poner los cuernos, en el marco de una relación de Dominación Femenina, no tiene que ver tanto con el sexo como con el poder; y es precisamente ese poder femenino y la liberación que conlleva lo que permite a la mujer usar la humillación generada para transportar al marido a un profundo nivel de sumisión en el que su autoridad es incontestable.
En otras palabras, es la estimulación y la dominación psicológica la que lleva al marido a un nuevo nivel de sumisión. El acto de ponerle los cuernos comienza en el momento en que la mujer puede usarlo como herramienta de dominación, pues a partir de ahí está en condiciones de dominar los pensamientos de su marido con esa imagen mental. No se trata tanto de la realización del acto sexual en sí, que por supuesto puede haberlo, sino de utilizar ese acto en concreto como una herramienta de dominación psicológica que tiene una duración temporal mucho mayor.
Píensalo de esta manera, tu anterior marido se vio sistemáticamente perseguido por la imagen mental de tu aventura sexual. En realidad, tu desliz sólo duró una noche, pero para él esa imagen le atormentaba noche tras noche. Por eso, cuando se ponen los cuernos en una relación de pareja de Dominación Femenina, la mujer se sirve de una imagen mental para excitar, atormentar y humillar repetidamente al marido, lo que dispara su naturaleza sumisa y le proporciona placer mental y sentirse realizado como sumiso. Si el marido además está presente y es obligado a presenciarlo, la imagen mental se intensifica; y lo mismo puede decirse si es obligado a escucharlo o participar de alguna manera humillante.
Todo esto no excluye que, cuando se encuentre fuera de su espacio de sumisión (digamos, por ejemplo, en el trabajo o conduciendo solo), pueda verse afectado por pensamientos negativos y dolorosos. Nunca debemos olvidar que la infidelidad es un ataque directo al núcleo del ego masculino y, por tanto, precisa también de una muy sutil mujer dominante que sepa guiar los sentimientos de su marido hacia la sumisión en vez de hacia los celos. No es nada fácil, pero bien hecho es uno de los efectos más beneficiosos de ponerle los cuernos; de ahí, el potencial que tiene como herramienta de Dominación Femenina. Un hombre que se excita con la idea de ser cornudo, lo más probable es que no caiga en los celos.
Una vez dicho esto, quiero reiterar que la infidelidad no es algo válido para todas las parejas que viven la Dominación Femenina. El marido debe estar psicológicamente preparado para ello, y no debemos pasar por alto que el hecho de que la fantasía lo excite no implica necesariamente que tenga la preparación emocional que se requiere para soportar el acto en sí.
Asimismo, la mayoría de las mujeres no están interesadas para nada en tener un amante; pues muchas de ellas se inician en la Dominación Femenina precisamente para fortalecer la relación que tienen con su marido sumiso. Por tanto, ambos deben estar bien preparados para esta práctica o, de lo contrario, terminará siendo una experiencia negativa.
Creo que es importante que la mujer se de cuenta que tiene el derecho y la autoridad sobre su marido para ponerle los cuernos si ella así lo decide. Es un verdadero acto de sumisión que el marido se entregue a la autoridad y a liberación de su mujer de esta manera; incluso en el caso de que ella no tenga la intención o el deseo de consumar el acto propiamente dicho, pues no por ello deja de ser una cierta póliza de seguro que recordar con periodicidad al marido si llegara el caso de que no supiera valorar la mujer que tiene.
Por consiguiente, mi consejo es que uses los deseos de tu nuevo marido contra él, haciéndole saber que tienes todo el derecho del mundo a tener otros amantes; pero que lo llegues a hacer ya depende enteramente de ti. Excítale con ello, pero puesto que va en contra de tu conciencia déjalo estar como fantasía. No le permitas que te presione a hacer algo que no deseas hacer. Tu eres la dominante y, por tanto, eres tú quien toma las decisiones. Si le excitas de esta manera y juegas psicológicamente con tu derecho a tener otros amantes por la autoridad que tienes sobre él, eso bastará para proporcionarle la estimulación mental y sexual que satisface sus deseos de sumisión. De esta forma, puedes usar sus deseos para dominarlo y, al mismo tiempo, mantenerte firme en los valores que te dicta tu conciencia.

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